
Hoy 3 de julio, la artista nariñense Gabriela Ponce lanzará en todas las plataformas digitales PONC PONC PONC, un EP de cuatro canciones que propone una relectura profunda del punk. Con este nombre, su autora apuesta por recontextualizar el género, desplegando desde su propio apellido otra manera de escribirlo y de habitarlo. El EP es una incitación a transgredir el punk tradicional, desplazándolo de sus estereotipos masculinistas y de su imaginario de autodestrucción para abrir un espacio de exploración dentro de esta estética. El universo visual que acompaña esta entrega se consolida en el arte del EP, creado a partir de fotografías de Daniel Ricardo Pacheco e intervenidas por el ilustrador Lorenzo Benamuki.
ras superar la clásica obligación rockera de «matar a Dios», en este trabajo emergen preguntas sobre en qué creen las mujeres en la época del pos-todo: ¿Es importante creer en algo? ¿Cómo se cuida aquello en lo que se cree? ¿Cómo se alimentan las convicciones? Con una mirada despreocupada y jocosa, el proyecto sugiere que la convicción no es un concepto abstracto, sino que tiene lugar en el propio cuerpo y en las relaciones que se trazan con otras mujeres, potenciándose en la amistad y en la complicidad que amplifica esas creencias. Para esto, Bogotá aparece como el escenario predilecto y se presta incluso para jugar a una ternura iconoclasta que atenta contra los bancos, el elitismo y la academia. Así, PONC PONC PONC celebra un éxtasis artesanal que logra poner un pie por fuera de las plantillas prefabricadas sobre cómo pensar, cómo decir y cómo hacer rock.
Dentro del EP se encuentra “Tan no futuro”, una canción que aborda la ruptura con una amiga, el duelo y la aceptación de la pérdida. La composición nace tras la fantasía de fabricar la utopía junto a una amiga para luego, como humanamente sucede, quedarse boqueando como un pez. Desdibujar la norma con la propia vida y sobre todo en la tierna juventud es valiente, pero a veces también resulta doloroso y hasta incomprensible. Aventarse a desmontar la estructura con el propio cuerpo y los propios afectos implica atravesar un desastre que curará luego el tiempo y nuevos experimentos interpersonales. En ese contacto con lo desconocido, el desasosiego se toma el cuerpo y lo lleva hasta el borde, pero lo hace respirar de nuevo; como quien despierta en otro sueño y, en vez de desahuciarse, lanza el grito existencial: ¡quiero vivir! ¡hoy no me muero; me muero cuando me llame el suelo!
Por su parte, en las piezas “La traga” y “Abrigarme con mi furia”, el EP enfoca la fiesta como un espacio de pensamiento que transgrede la cada vez más cómoda y extendida interacción social virtual. En la fiesta, la materia prima es la presencia que permite perderse con la palabra junto a otros y llegar a lugares inexplorados; al fin de cuentas, la fiesta es un acto de imaginación colectiva donde se cose y se descose la cultura. Después del mundo de la vigilia, donde hay una disputa incesante por la razón, está la fiesta, a la que es posible acceder a través del desvarío: un lugar para practicar la flexibilidad, la escucha y el desahogo.





